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Un poco de crítica no viene mal

2 Octubre 2006

Fernando Fernández: poeta y editor

«En América preservamos valores hispánicos históricos que en la España moderna han perdido sentido»

Fernando Fernández (Ciudad de México, 1964). Desde hace 2 años vive en Oviedo, donde ha venido desarrollando una importante conciencia crítica sobre el quehacer poético mexicano y español, consiguiendo en su producción un intercambio artístico y estético entre ambas tradiciones.

MAYRA IBARRA
Con las revistas Alejandría (1986-1988), Milenio (1990-1992) y Viceversa (1992-2001), realizó una fundamental labor editorial; aquellos años, significaron una mirada crítica a los ámbitos literario y cultural de la Ciudad de México. Con las publicaciones de los libros de poesía El ciclismo y los clásicos (1990) y Ora la pluma (1999) fue considerado por la crítica mexicana como un poeta neobarroco. La carga paródica, la inocente malicia y la frescura libresca de su poesía lo hacen, en palabras de G. Celorio, heredero de Ramón López Velarde.

―¿Cómo ves la poesía que se escribe en Oviedo?
―Más bien conservadora, escrita sobre un eje hepta-endecasilábico sin ofrecer casi ninguna variación, de un tono en general previsible que tiende hacia la evocación y la nostalgia. Hay otras tendencias, pero la que más se ve publicada y premiada va por esa línea. Me parece que Oviedo es un fortín de la estética de época dominante que impera en España.

―¿Y a los poetas que la escriben?
―Hay varios escritores, no sólo de poesía, que me interesan. Xuan Bello, a pesar de la apariencia de nostálgico incurable, es un autor inteligente que ha adoptado una solución moderna trenzando textos multireferenciales que aparentemente están sometidos a una ruralidad, pero resultan una manera cosmopolita de mirar al mundo. J. L. García Martín es un poeta fino, de cuerda sutil y registro sofisticado. Cumple, además, un papel esencial como animador literario entre las nuevas generaciones. De J. L. Piquero me interesa Monstruos perfectos. Algunos poemas tienen una sinceridad desgarrada sin renunciar a la impecabilidad de su factura. Pelayo Fueyo hace una poesía que se encamina hacia el desnudamiento pero proviene quizás de ciertos lenguajes herméticos. Cuando lo leo pienso que la poesía sirve como un espejo: puedes mirarte en ella pero también puede acabar cortándote. De Silvia Ugidos me gusta sobre todo un par de poemas de Las pruebas del delito en los que dialoga con Antonio Machado con verdadera creatividad.

―¿De qué modo te sientes cercano a toda esta poesía?
―Toda mi vida he tenido un ojo puesto en la tradición española. Desde muy joven me sentí influido por la poesía de este país. En esos años, era estudiante de Letras y me entusiasmaba sobre todo la Generación del 27. Cuando llegué a Oviedo tenía la esperanza de que esa parte mía hispánica pudiera hallar aquí un diálogo que en México no había tenido. Pero la tradición española que a mí me interesa no es exactamente la que interesa aquí. Del 27, por ejemplo, me parece que influyen aspectos más bien periféricos y que su vena principal, la revaloración del barroco y la exploración de la poesía de origen popular, aquí ya no influye como debería. A mí me siguen interesando mucho más Lorca y Alberti que Guillén o Cernuda.

―¿Qué dirías de la influencia de Cernuda en España?
―Cernuda tenía un sentido de rebeldía a flor de piel que conectaba con su temperamento. Su influencia, evidente en algunos poetas jóvenes que lo han leído hasta el cansancio, suele estar carente de esa rebeldía esencial. Me parece que de Cernuda se toma sobre todo su parte confesional y meditativa que paradójicamente resulta lo más exterior. Los poetas que siguen en su estela se han quedado con su plumaje pero han terminado diluyendo su veneno.

―Alguna diferencia entre la poesía que se escribe en México y en España
―En Latinoamérica bebemos de muchas fuentes al mismo tiempo, lo mismo de Neruda que del Arcipreste de Hita o Lorca. Aquí, desde mi punto de vista, se ha impuesto una tradición secundaria, un poco de traspatio, lejana de la vía principal, que pasa por Fernando de Rojas, que venía desde antes del Arcipreste y que continúa en el Siglo de Oro, que salta luego al modernismo y la vanguardia. Es increíble pero ninguna de esas experiencias estéticas gravita sobre lo que se escribe y premia en la actualidad. Se escribe como si nada de eso hubiera sucedido.

―¿Consideras que tu trabajo queda un poco entre las dos orillas?
―Aquí o allá, me siento muy hispánico. De mis cuatro abuelos, tres son asturianos y el cuarto es andaluz, por eso cuando me refiero a mi identidad tengo que decir “español” todavía con más precisión que “asturiano”. Creo que lo que hago tiene una fuerte raigambre española. Es cierto que para el mexicano medio, que es más bien reconcentrado y solemne, mis poemas resultan quizás algo altisonantes. Sin embargo vengo aquí y tampoco soy exactamente de este lugar, porque la vivencia de hispanidad aquí es ya otra. Con todo, por provenir de América, quizás me he alimentado de ciertos valores hispánicos históricos que allá siguen vigentes y que en la España moderna han perdido sentido.

―No en vano tu tendencia neobarroca
―Sí, bueno, el barroco ofrece unos recursos adecuados para expresar la crisis de identidad que supone la cultura española trasplantada a América. Los españoles que van para allá y queman las naves, para utilizar la metáfora cortesiana, ya no pueden volver porque ya no son de aquí, pero también se dan cuenta de que aquello es algo impetuoso e inmenso que los desborda. Los códigos del barroco resultan eficaces para definir una identidad que está en vilo. Me entusiasma esa tradición, la barroca, que en general aquí es vista y oída como una rareza. En ese sentido, también en eso es como si no hubiera habido Generación del 27, cuyos poetas, no debe olvidarse, coincidieron alrededor de Góngora con la intención de darle su verdadero lugar en la tradición de nuestra lengua.

Tags: entrevista

servido por reinasycopas 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Víctor Ramírez

Víctor Ramírez dijo

Fernando Fernández se nos revela, aunque condescendiente con algunos poetas de Oviedo, de un veneno implacable para con la poesía actual de su lugar de residencia. Revestido con el plumaje de poeta y editor, la serpiente critica va desenvolviéndose a través de la entrevista e iza su cabeza para señalar lo que no es más que vanidad y superficialidad en su época y lugar. Haciendo un análisis, con conciencia histórica, a grandes rasgos, nos dice, creo: aquí, la mayoría, no es más que una mujer con hálito de mariposa en el rostro.

13 Agosto 2007 | 03:50 AM

Lauren Wilcox

Lauren Wilcox dijo

Guardate las envidias, sólo comentarios positivos porfavor.

Fernando Fernandez es un talentoso poeta mexicano que no tiene miedo a explorar el lenguage en busca de identidad. Su poesía es libre, paródica e inteligente - para aquel que sabe leerla.
Su experiencia es evidente. Esperamos la publicación de su nuevo libro!

2 Abril 2009 | 03:26 AM

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