PERIPLO QUIJOTESCO
(publicado en el suplemento "Cultura", La Nueva España, 2003)
El fin de la locura
Jorge Volpi
Seix Barral. Biblioteca Breve.
MAYRA IBARRA
Los periplos de Aníbal Quevedo se inician en mayo de 1968 con la revuelta estudiantil parisina y culminan en la ciudad de México en noviembre de 1989. Su caracterización como psicoanalista, intelectual y escritor lo internan en los debates íntimos y teóricos de personalidades como J. Lacan, L. Althusser, R. Barthes y M. Foucault. Dos figuras femeninas: Claire y Josefa son el sustrato amoroso, vital y servil que alimenta la libido que impulsa al doctor Quevedo a descubrir la caída de los grandes hitos del lenguaje y su correlato con el poder.
Jorge Volpi con El fin de la locura crea un sistema narrativo donde dialogan las contradicciones de la izquierda revolucionaria con el pensamiento teórico francés del siglo XX, develando así los vicios y las pugnas por el poder de los círculos intelectuales mexicanos. Un estallido de conocimientos que, en la travesía de Aníbal Quevedo por las aulas universitarias parisinas, la entrega de premios literarios en Cuba, la guerrilla y oscuras sesiones terapéuticas a grandes figuras de la política latinoamericana, se convierte en el psicoanálisis, a la manera de J. Lacan, del inconsciente que fraguó la utopía revolucionaria.
La propuesta literaria que ofrece J. Volpi conjuga los sentimientos, las pasiones y el conocimiento para entregar al lector una alquimia de personalidades y tendencias que, bajo la máscara de la ficción, le dan sentido al devenir histórico de la segunda mitad del siglo XX. Una sucesión de acontecimientos históricos que cobran unidad en el personaje de Aníbal Quevedo, quien es el punto de fuga donde se tocan realidad y ficción, literatura y poder. De este modo, los periplos de Aníbal Quevedo son el centro generador de una estética posmoderna, en la cual el fin artístico es expresar el derrumbe de los grandes relatos para mostrar así la fragmentación de la verdad absoluta en múltiples subjetividades. A pesar de que El fin de la locura es una novela con una fuerte carga teórica, J. Volpi no deja de lado que el tiempo y el espacio literario están ahí para provocar en el lector, además de reflexión y conciencia, intriga, aventura y, sobre todo, complicidad lúdica.
Una vez más, J. Volpi demuestra ser heredero de grandes figuras narrativas como Carlos Fuentes y Jorge Luis Borges, no sólo por el manejo técnico del lenguaje y los diversos géneros o el amplio espectro de conocimientos que emplea para construir escenarios, contextos y personajes, sino por la originalidad con la que responde a las preguntas de su época.
